Deshidratación en niños: cómo usar bien las sales de rehidratación oral
En un cuadro de vómitos o diarrea, lo que realmente pone en riesgo a un niño no es el virus, sino la deshidratación. Aquí te explicamos cómo prevenirla en casa.
Vómitos y diarrea son de los motivos de consulta más frecuentes en la infancia, casi siempre causados por un virus que sigue su curso solo en pocos días. El verdadero riesgo detrás de estos cuadros no es la infección en sí, sino la pérdida de agua y sales que puede generar. Los niños se deshidratan más rápido que un adulto porque su cuerpo tiene proporcionalmente más agua y pierde líquido con más facilidad. Por suerte, prevenir la deshidratación en casa es bastante simple si se hace de la forma correcta.
Señales de alarma que debes vigilar
- Menos pañales mojados de lo habitual, u orina muy oscura y escasa.
- Boca y lengua secas, sin saliva.
- Llanto sin lágrimas.
- Ojos hundidos.
- En bebés, la fontanela (mollera) hundida en vez de plana.
- Decaimiento o irritabilidad fuera de lo normal.
- Piel que tarda en volver a su lugar al pellizcarla suavemente (signo de turgencia disminuida).
Mientras más de estas señales aparezcan juntas, mayor el grado de deshidratación.
¿Por qué las sales de rehidratación oral y no solo agua?
Las sales de rehidratación oral (SRO), las que compras en sobres o botellas en la farmacia, no son "agua con sabor": contienen una combinación exacta de sodio, potasio y glucosa que aprovecha un mecanismo del intestino para absorber agua de forma mucho más eficiente que el agua sola. Por eso son la primera línea de tratamiento recomendada por la OMS y las principales sociedades de pediatría, y funcionan igual de bien —o mejor, con menos riesgos— que el suero por vena en la mayoría de los casos leves a moderados.
Cómo administrarlas correctamente
- De a poco y muy seguido. Empieza con cantidades pequeñas: una cucharadita o jeringa (5 a 10 ml) cada 5 minutos, e ir aumentando de a poco según la tolerancia. Ofrecerlas frías suele ayudar a que se toleren mejor.
- Si vomita, no te detengas del todo. Espera unos 30 a 45 minutos desde el último vómito y retoma con cantidades aún más pequeñas y frecuentes. La mayoría de las veces el vómito cede con esta paciencia.
- En diarrea sin vómitos, se puede ofrecer con más libertad y frecuencia, siguiendo la sed del niño.
- Sigue la indicación de tu pediatra sobre la cantidad total según el peso de tu hijo y el grado de deshidratación.
Lo que no debes dar
- Bebidas isotónicas para deportistas, jugos o bebidas gaseosas. Tienen demasiada azúcar y muy poco sodio, lo que puede empeorar la diarrea en lugar de mejorarla.
- Fórmula o leche diluida "para que rinda más": no corrige la deshidratación y puede alterar el equilibrio de electrolitos del niño.
- Remedios caseros improvisados sin proporciones exactas de sal y azúcar: un error en la mezcla puede ser contraproducente. Si no tienes sobres de SRO a mano, consulta a tu pediatra o farmacéutico antes de improvisar.
¿Y la comida?
Ya no se recomienda dejar al niño "solo con líquidos claros" por días. Si tolera las SRO y no está vomitando activamente, ofrece su alimentación habitual apropiada para su edad lo antes posible (evitando frituras y exceso de azúcar), incluyendo continuar con la lactancia materna si tu bebé aún mama. Comer normal, en la medida de lo tolerado, ayuda a una recuperación más rápida.
¿Cuándo ir a urgencias?
Acude de inmediato si:
- Los vómitos no ceden a pesar de intentar la pauta de SRO en pequeñas cantidades.
- Hay fiebre alta (más de 39°C) que no baja con antitérmicos.
- Aparece sangre en el vómito o en la deposición, o hay pus en las deposiciones.
- Los ojos están hundidos, la lengua muy seca, o el niño no ha orinado en muchas horas.
- El niño está muy decaído, con poca respuesta, o le cuesta mantenerse despierto.
Estos cuadros suelen durar entre 5 y 10 días en total, así que mantener un buen seguimiento con tu pediatra durante ese tiempo es tan importante como la rehidratación misma.
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